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Cloud, ¿Qué bueno que viniste?

No llega uno a Final Fantasy VII todos los días. Ni siquiera por casualidad. No es baladí alzar la mirada y creerse con el derecho de hablar sobre una obra maestra como la que lanzó Squaresoft al mercado el ya lejano 1997.

Y el tiempo erosiona todos los defectos. La arena poco a poco va limando esas pequeñas fricciones y lo que fue una bonita experiencia se acaba convirtiendo en un mito. ¡Cuidado! no se me mal interprete, un servidor será siempre un defensor de esta séptima sinfonía.

Sin embargo, hemos de ser críticos y analizar en qué condiciones ha llegado este Final Fantasy VII Remake. Ya no tanto por el propio juego en sí, sino en la predisposición de la comunidad a su recepción. Sus más de 3,5 millones de copias vendidas no han sido un mensaje unánime de la audiencia sobre los sentimientos que ha despertado.

¿Por qué?

Considero que es algo humano mitificar momentos. Una cena con tu pareja o con tus amigos (o ambos) tras una semana de trabajo. Un buen plato de ese katsudon que llevas semanas esperando. Los astros se alinean y acaba convirtiéndose en El Katsudon. Un recuerdo encomiable que vivirá eternamente en tu memoria… hasta que vuelvas a ir al mismo restaurante, y pidas el mismo katsudon. En esta ocasión, en solitario, tras un día lluvioso. No sabrá igual y el mito habrá desaparecido.

No nos engañemos. Final Fantasy VII original llegó en un momento de efervescencia tecnológica perfecto. Squaresoft supo posicionarse perfectamente para surfear una ola que le vino de perlas para enlazar su mejor trilogía de entregas en una PlayStation pletórica.

Su historia, su planteamiento, su sistema de juego, sus personajes. Todo -incluso su traducción al español- ha trascendido al paso del tiempo. Entre todos hemos recordado una y otra vez aquel katsudon -El Katsudon- que nos comimos todos juntos a finales del siglo pasado.

¿Y mi Katsudon?

¡Sorpresa! Llega Final Fantasy VII Remake a tu mesa. Estamos todos los que teníamos que estar, no ha faltado nadie a la mesa.

Y el sabor no es el mismo. A pesar de que este Katsudon cuente con un cerdo mucho más jugoso y sabroso, algo ha cambiado. Nosotros hemos cambiado. La industria ha cambiado. Y Cloud no, él no ha cambiado.

Esto no quita que Final Fantasy VII Remake no sea un gran juego. Pero era literalmente imposible volver a rememorar aquel sabor, aquellas sensaciones. El JRPG ha cambiado y Square Enix no ha sabido hacer evolucionar a su franquicia de oro a la misma velocidad. Final Fantasy VII Remake adolece de lo mismo que la última entrega troncal de la saga. Personajes excesivamente sobre actuados y un sistema de misiones secundarios facilmente mejorable. Si lo que buscas es la excelencia, esto no te lo puedes permitir.

La polaridad en las reflexiones y valoraciones del juego nos servirán, a cualquier de nosotros, para saber si esta persona estuvo con nosotros aquel ya lejano 1997 comiendo de la misma mesa.

De nuevo, Square Enix ha hecho un gran trabajo, pero no el trabajo perfecto que muchos esperaban. De hecho, Final Fantasy VII Remake acabó el día de su lanzamiento. Es hora de volver a Midgar, a «aquella» Midgar.

Publicado en Artículo Opinión